La sociedad llevada al límite



Así nos presenta el panorama humano una de las obras contemporáneas más importantes de la literatura francesa. Se trata de la novela titulada “Las Partículas Elementales” (1999) del escritor Michel Houellebecq. El escritor, que más bien se convierte en testigo de las vidas contrapuestas de dos hermanastros de personalidades estridentes, Michel (absolutamente encerrado en sí mismo) y Bruno (obstinado con la experimentación a toda costa) se enfrasca en lo que parece ser el motor de la sociedad europea actual: la búsqueda del placer. Una búsqueda libre y rabiosa donde el único límite que se vislumbra es el deseo, o la falta de éste.

El sexo se vuelve el centro de las vidas de los personajes, que dejan atrás valores o y normas básicas de la convivencia humana para montarse en un viaje que no les llevará necesariamente al destino pensado. Que les hará cuestionar el sentido de sus vidas, si es que alguna vez lo llegan a encontrar. Se ponen en duda muchos axiomas sociológicos y se describe el comportamiento de los individuos en escenarios que no son para nada ficticios. Las escenas y lo que sucede en sus historias son cosas que pasan en la actualidad, en el mundo que no se percibe por las noticias o en los periódicos y que cuando destella para el ojo público se convierte en un escándalo.

Esa falta de sentido que se encuentra a la existencia humana, Houllebecq la traduce en la sociedad del todo, saturada de cosas que se necesitan y no se necesitan, de lo que se quiere saber y lo que se quiere desconocer. Me gustan aquellas novelas en donde uno además de insertarse en la trama y en los personajes, de navegar en lo que piensan o en lo deberían hacer, logra aprender algo nuevo. Algo que si no hubiera estado dentro de la historia posiblemente no lo hubiera conocido jamás.

En este sentido, el personaje de Michel, que es un científico investigador de biología, permite al lector aprender sobre biología y sobre la ciencia en el deseo, tanto en el amor y en las relaciones amorosas.

Asimismo, en las conversaciones de altísimo nivel intelectual que tiene Michel con sus colegas o incluso con su hermano, se aprende sobre religión, sobre sexualidad o sobre microbiología. Me llamó la atención, entre otras cosas, encontrarme con conversaciones sobre los conocidos corpúsculos de Krause y sus efectos en el amor, esa especie de células que se encuentran en determinadas zonas del cuerpo y son las encargadas de la producción del placer. Ejemplos como éste y otros más encontramos en ésta magnífica obra, que por cierto fue muy controversial y criticada. Llevó al estrellato a su autor y se convirtió en un éxito de ventas. Su lectura la recomiendo a aquellos acostumbrados a la literatura cruda y con ánimos de palidecer al adentrarse en un mundo que no aparece muy a menudo. Un gusto o un susto.

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