¡Feliz cumpleaños Hayek!



Hace algunos días se cumplieron 114 años del nacimiento del economista vienés Friedrich A. Hayek. Para quienes no lo conocen, Hayek fue uno de los más prolijos economistas del siglo XX, un verdadero ejemplo de constancia ideológica y académica. Su obra no se limitó a la economía sino que abarcó el derecho -era abogado también- y llegó hasta la ciencia política. Sus aportes sobre el orden espontáneo son cruciales para entender la aparición de instituciones como la democracia, la moneda y, especialmente, para explicar el funcionamiento de los mercados. Un personaje multifacético, sin duda.

Hayek es importante en la historia por haber sido uno de los protagonistas del tándem dialéctico económico más sonado del siglo pasado. Lo protagonizó frente al carismático y popular John Maynard Keynes, quien fue un verdadero encantador de serpientes y de gobernantes (Rafael Correa, por ejemplo, es un gran aplicador de sus ideas). El debate, en donde Hayek y Keynes discutieron, entre otras cosas, sobre el gasto público y las tasas de interés lo ganó, en primer lugar, Keynes. Su idea de que el bienestar se lograría aumentando el gasto público y bajando las tasas de interés gustó mucho a la clase intelectual y política. En cambio, las ideas menos sexys de Hayek, que proponía la simple ecuación de ahorrar antes de gastar, de no imprimir billetitos y de no reemplazar la inversión privada con el gasto estatal, no fueron acogidas mayoritariamente. Pronto, el sencillo y bonachón Friedrich se vio en un ostracismo de muchos años ante en la opinión pública.

Sin embargo, como en toda historia de héroes que resurgen de sus propias cenizas, Hayek tuvo su regreso triunfal en 1974 al ganar el Premio Nobel de Economía y al ver florecer sus ideas ante el fracaso teórico y práctico de las ideas keynesianas. Su legado continuó con dos exitosos gobernantes que aplicaron varios de sus postulados económicos: Ronald Reagan y Margareth Thatcher. Es célebre la imagen de la fallecida Dama de Hierro cuando,  en una visita institucional en la cual le sugerían que el partido conservador debía tomar un camino ´pragmático´ y alejarse de los extremos, Maggie, sacando de su maleta el libro de Hayek, “Camino a la Servidumbre”, interrumpió al expositor y empuñando el libro exclamó: “Esto es en lo que creemos”. Momentos de oro para el querido Friedrich, a quien deliberadamente se suele olvidar cuando la popularidad política es más importante que tener las cuentas de la casa en orden.


©Artículo publicado en el Diario el Heraldo 14-05-2013

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