Un peregrino en el camino de Santiago



Hace algunos meses cumplí uno de mis grandes sueños: recorrer el Camino de Santiago. Era una tarea que formaba parte de ese bucket list personal que todos queremos completar algún día. Hacerlo me llenó de mucho orgullo, lo confieso. No porque el esfuerzo físico haya sido grande, sino porque lo recorrí con los cinco sentidos, comprendiendo en cada paso la magnitud de aquel trayecto y el significado que ha tenido para varios caminantes que ya pasaron por allí. 

Es que pisar el camino, por donde han pasado reyes, papas y grandes peregrinos a uno lo llenan, inevitablemente, de pensamientos excitantes. En la cabeza se combinan ideas de grandeza con reflexiones de sencillez extrema, se recuerda a aquellos individuos de antaño que completaron el trayecto acompañados únicamente por su túnica y su fe. Asimismo, el aprecio que se encuentra por la naturaleza es inusual, por aquellos enmohecidos senderos empedrados que escoltan a pequeños pueblitos rurales, algunos casi fantasmas, víctimas de la progresiva partida de los jóvenes hacia las grandes ciudades.

Tuve la suerte de recorrerlo con algunos amigos y con un maestro, quizás el mejor que pude haber tenido para aquella aventura. Miguel, como se llamaba nuestro guía y consejero, había recorrido el trayecto más de una veintena de veces, solo o con amigos, con su esposa y con sus hijos, que, curiosidades de la vida, eran cinco, todos adoptados. De entre las muchas rutas que tiene el camino, nosotros transitamos por la portuguesa, que parte desde Lisboa hasta Santiago de Compostela. A pesar de que no la recorrimos completamente, Miguel nos explicó que, por el entorno de sus caminos, esta ruta es la que más se asemejaba al milenario Camino de Santiago, sin tanta construcción de ciudades y vías asfaltadas.


Creo que la lección más importante que aprendí en esta larga caminata, que culmina con la visita de la imponente catedral de Santiago de Compostela y la tumba del apóstol, fue la importancia del silencio y la reflexión. Por consejo de nuestro guía, recorrimos gran parte del camino en absoluto silencio, conversando únicamente con nosotros mismos, y encontrando respuestas a las preguntas esenciales de nuestra vida, entendiendo así, lo que convirtió a éste camino en una de las experiencias más impactantes para las almas peregrinas.

©Artículo publicado en el Diario el Heraldo.  30-04-2013

Comentarios

  1. Felicidades por la experiencia, Esteban. Y aprovechar también para animar a tod@s a emprender esta aventura, sobre la cual pueden obtener información en el siguiente enlace a la web de turismo de Galicia: http://bit.ly/13DXC5F. ¡Y buen Camino!

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