La verdadera revolución creadora está en la universidad

Nunca pensé que la ceremonia de graduación que se da al final de una carrera universitaria sería tan interesante y emocionante como la que viví hace algunos días. Confieso que llegué sin muchas expectativas y creyendo que se trataría de un trámite más para obtener, finalmente, el título de abogado. Creí que escucharía algunos discursos, saludaría con los amigos y ya, pare de contar. Pero no, la ceremonia de graduación, quizás por la importancia que le da la Universidad San Francisco de Quito, cumplió su finalidad primordial: ser una ceremonia de iniciación hacia la vida real, el puntapié motivacional para emprender actividades y conquistar los sueños que cada uno se ha propuesto.

La USFQ, institución por la que tengo un gran aprecio y de cual me da mucho orgullo formar parte, hasta el punto de usar siempre su característica chompa cuando hago deporte, entendió muy bien la misión que deben tener las universidades. Una universidad debe ser una agitadora de mentes, no debe dar respuestas sino generar preguntas. Infinitas. Debe sacar del letargo intelectual que genera nuestra educación secundaria y abrirnos la puerta hacia la curiosidad y la creación. No debe ser una cápsula rígida donde solo se aprende una ciencia o se repiten ejercicios y fórmulas, sino una plataforma diversa que permita a un estudiante encontrar su pasión y complementarla con múltiples disciplinas. Tiene que permitir el error y la equivocación, el cambio libre hacia otra carrera y la opción de tomar varias clases optativas, en el campo que a uno le plazca y haga feliz. En un mundo tan interdisciplinario como el actual, ¿cómo no creer que un abogado que sabe de cocina, de literatura y que habla cuatro idiomas es más útil para entender su entorno y crear soluciones? ¿Cómo obviar la potencia creadora de un ingeniero civil, complementado por clases de comunicación, cine y filosofía oriental en las demandas de una sociedad que cada vez exige más? La USFQ propone justamente eso, una educación en artes liberales. Fue la primera en introducir este concepto en el Ecuador y se ha mantenido fiel al mismo a pesar de enfrentar continuos ataques gubernamentales a su modelo y gestión.

De la ceremonia de graduación me quedó otro gran mensaje: apreciar la libertad y vivir como individuos, pensando siempre como hombres libres. Carlos Montúfar, quien conjuntamente con Santiago Gangotena fundó la universidad hace 25 años, dijo que nosotros, los jóvenes que hemos vivido con el internet (la verdad es que no sabemos que hacer sin él) y con tanta tecnología somos una generación muy desafiante. Probablemente la más desafiante de todas. Sin miedo de enfrentarnos solos a grandes empresas o incluso a gobiernos. Esta es la generación de los hackers que han puesto de cabeza a los gobiernos más poderosos del mundo. Que no pide permiso para opinar y publicar sino que mediante un simple blog puede generar más controversia y debate que cualquiera. Somos francotiradores. Es por eso que la universidad tiene que abrir las mentes y no cerrarlas, tiene que desplegar la curiosidad de un joven y ayudarle en la búsqueda de lo que le apasiona, porque únicamente en eso será verdaderamente bueno. La revolución creadora está en la universidad y todos deberían tener la oportunidad de vivirla, sin límites.


© Artículo publicado en el Diario el Heraldo (11-06-2013)

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