Evo sin alas ni pista de aterrizaje

Que a Evo Morales no le hayan dejado aterrizar ni sobrevolar el espacio aéreo de algunos países europeos es algo verdaderamente condenable. 

A don Evo, por creer que llevaba en el avión presidencial al fugitivo Snowden, le han convertido en víctima internacional y en noticia mundial durante los últimos días. 
El mediático percance pudo haber tenido consecuencias lamentables ya que un avión presidencial como el boliviano, modelo Antonov Bussines Jet, de fabricación rusa, no tiene tanta autonomía de viaje ni combustible suficiente para distancias tan largas. Necesita algunas paradas técnicas en un trayecto como en el que se encontraba la comitiva presidencial, desde Rusia hasta Bolivia.
Si bien el presidente boliviano no me causa ninguna simpatía personal y, peor aún, ideológica, existen normas internacionales que deben ser respetadas. En este caso, la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 (en vigor desde 1964) es el instrumento internacional que fue desconocido por los Estados europeos. No se puede, al son de sospechas o rumores, tratar de esa forma a un mandatario y luego esperar que los afectados sean respetuosos con sus semejantes.
La verdad es que nunca he pensado, a diferencia de muchos, que el derecho internacional sea sacrosanto o que sea la panacea de todos los males. Siempre he sospechado de todos esos instrumentos promovidos por Estados y ratificados por pequeñas delegaciones. Los considero elegantemente declarativos y de difícil aplicación. Contrario a ello, me gusta más el derecho que se genera cerca a los individuos, el que se puede generar a través de las ciudades, a través de los municipios. Sería muy interesante, por ejemplo, que las ciudades pudieran generar sus propias leyes, incluso en el ámbito tributario. 
Pero bueno, ese es otro tema y en el derecho internacional si existen instrumentos sensatos que tienen su propia lógica, como la Convención que no respetaron en el caso de Evo. Allí, se inobservó el hecho de que una aeronave presidencial tiene la misma inmunidad que la de una embajada. La Convención establece que los medios de transporte de una misión diplomática no pueden ser objeto de registro, requisa o embargo (artículo 22). Asimismo, se dispone que los Estados receptores de misiones diplomáticas deben garantizar a todos los miembros la libertad de circulación y de tránsito por su territorio (artículo 26). Por último, establece que los Estados deben conceder la inviolabilidad y todas las demás inmunidades necesarias para facilitar el tránsito o el regreso de un agente diplomático que atraviese el territorio de un Estado, ya sea para tomar posesión de sus funciones, para reintegrarse a su cargo o para volver a su país (artículo 40). Estas normas tienen la finalidad de mantener el respeto a las misiones diplomáticas y evitar problemas innecesarios que pondrían a pelear a países. Eso sí, deben ser cumplidas por todos los países, o por lo menos, deberían.
A pesar de que existían sospechas de que Edward Snowden podría haberse escondido en el en el avión presidencial boliviano, al presidente nunca le pudieron haber impedido el aterrizaje o el tránsito por el territorio aéreo de algunos países europeos como Francia y Portugal. Tampoco se debió intentar el registro de la aeronave cuando ésta se encontraba en suelo austríaco. Allí, un funcionario español quiso registrar el avión antes de permitirle el aterrizaje en su país. Lamentable. Si Evo cometía ese error, el de llevar a Snowden a escondidas de todos lo hubiera pagado luego, y muy caro. Sin embargo, lejos de unirme al escándalo que han generado algunos presidentes latinoamericanos, hay que reconocer que el trato que recibió el presidente boliviano no fue el correcto.

© Artículo publicado en el Diario El Heraldo (9-07-2013)

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