Extraterrestres en el Código Penal

Estimado lector, con el afán de resumir lo que siente discutir en la Asamblea Nacional el Proyecto de Código Orgánico Integral Penal (COIP), le propongo que imagine un escenario ficticio: un bosque con poca luz repleto de grandes árboles y múltiples senderos. 

Mientras usted camina por esos esos silvestres senderos se va topando con árboles imponentes, robustos y frondosos, algunos nuevos y otros un poco viejos, pero también se encuentra con unas pequeñas plantitas raras que, aunque parecen formar parte del bosque, desencajan en el lugar e inclusive podrían ser consideradas extraterrestres. Usted las observa, se da cuenta de su rareza y concluye que mejor no deberían estar allí, que desentonan. Así le parezca exagerado, en la discusión del COIP sucede lo mismo.

Al revisar los casi 400 artículos que tiene el primer libro del COIP (el código completo tiene más de 1000) uno se encuentra con grandes instituciones del derecho penal, cada una alimentada por las corrientes y doctrinas que se encuentran en esta rama del derecho, y con engendros jurídicos muy ecuatorianos, muy criollos y muy “sofisticados”. Si bien el espacio en estas líneas es insuficiente como para referirme a todas estas plantitas alienígenas, hoy hablaré de una: el agiotaje. En el Art. 296 del Proyecto de COIP se ha sancionado el agiotaje, o, mejor dicho, el agiotaje a la ecuatoriana. Desconociendo su verdadero significado, en el Ecuador se ha acomodado esta palabra para sancionar una gama de conductas, desde los especuladores de productos, como los intermediarios en el negocio del banano o del maíz, hasta a los timadores que con mentiras ofrezcan fondos públicos o acciones u obligaciones de una sociedad o persona jurídica.

En realidad, el agiotaje tiene otro sentido. La RAE lo define como la “especulación con fondos públicos” y como la “especulación abusiva hecha sobre seguro, con perjuicio de tercero”. Además, el diccionario de la RAE se remite al término agio, que significa la “especulación sobre el alza y la baja de los fondos públicos” o el “beneficio que se obtiene del cambio de la moneda, o de descontar letras, pagarés, etc.” En ningún momento se refiere a la especulación de productos agrícolas que se comercialicen en el mercado nacional o extranjero. Se trata más bien de una especulación bursátil y monetaria, que involucra títulos de deuda pública y monedas distintas. Por la mala redacción y concepción del Art. 296 nos encontramos frente a otra de esas plantitas extraterrestres que adornan el tenebroso bosque.

Que este artículo esté presente en un proyecto tan importante es muy preocupante. Nos da pautas sobre cómo se procederá, punitivamente, en contra de conductas que no deberían ser sancionadas bajo ningún concepto. Para el agiotaje, por ejemplo, se establece una pena de uno a tres años de privación de la libertad y una multa de cinco a diez salarios básicos unificados. ¡Terrible! Tenemos que entender que el especulador, por feo que nos suene, es un agente muy importante en el mercado. Como dice Walter Block, la actividad del especulador (comprar barato y vender caro) envía señales al mercado y estabiliza los precios de los productos. En otras palabras, no deberían llevarlos a la cárcel.


© Artículo publicado en Diario El Heraldo (30-07-2013)

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