Adiós Chucho

El pasado viernes me sorprendí al ver la cantidad de personas que hacían fila alrededor del coliseo Rumiñahui para despedir por última vez a su ídolo: el “Chucho” Benítez. 

Eran innumerables los peregrinos que vestían las camisetas del Nacional, de la selección e incluso del América de México, el equipo que lo consagró y lo convirtió en figura. Todos lo visitaban consternados por el inesperado suceso que lo llevó a la muerte. Al “Chucho” le quedaba mucho fútbol todavía y toda una vida por conocer.

Su muerte ha despertado, nuevamente, el recurrente debate sobre los homenajes póstumos a individuos que en vida no recibieron esas muestras de cariño y admiración. Hay quienes se quejan de los excesivos eventos y las múltiples muestras de apoyo, pidiendo descanso para el desaparecido y quienes creen que los homenajes, inclusive póstumos, significan mucho. En efecto, cuando equivocadamente pensamos que alguien tiene tiempo de sobra en este mundo, no mostramos la admiración ni el respeto por sus acciones acertadas y sus éxitos. Exigimos más de esa persona y esperamos que algún día, cuando se encuentre en los últimos años de su vida, se la reconozca y felicite.

El Chucho Benítez recorrió ese camino. Recibió duras críticas por su desempeño en la selección ecuatoriana, la mayor parte de ellas injustas y ajenas a la realidad de una profesión tan complicada y sensible como es ser futbolista seleccionado nacional. Estar en la cancha luchando contra otras selecciones significa mucho, se representan las ilusiones y la autoestima de todo un país. Pocos han tenido el privilegio de hacerlo y de sentir la inmensa responsabilidad que lo acompaña. Perder y errar un gol significa la ira de millones de hinchas y la condena, al menos por varios meses, en la opinión pública. Como mencionó el legendario “Tanque” Hurtado en una entrevista a propósito de la muerte de Benítez, “El delantero sabe que un día puede ser héroe y al siguiente, un villano […] En el delantero recaen las esperanzas de gol y todas las miradas están sobre él. Si falla recibe críticas. En mi caso, yo no hacía caso a lo que gritaban en el estadio. Solo me concentraba en el partido. Después llegaba a casa y me rodeaba de mi gente y me olvidaba de lo que me decían en la cancha” (1). El Chucho supo lo que era la crítica y lo que era ser el villano. Lo criticaron incluso cuando optó por jugar en el millonario fútbol qatarí luego de ser la estrella y goleador máximo del América.

Por todo esto, los homenajes públicos que ha recibido y el reconocimiento del fútbol mundial son muy merecidos. Ya pararán en su momento, sin embargo, luego de tantas críticas en vida su familia tiene que saber lo mucho que lo quiso todo un país. Asimismo, es importante que su imagen, sus goles y su gran personalidad fuera de la canchas sirvan de ejemplo a los niños y jóvenes que empiezan a patear la pelota o que prefieren el deporte al alcohol o las drogas. Los jóvenes necesitan héroes a quienes seguir, a quienes copiar y a quienes superar. El Chucho salió desde abajo y trabajó toda su vida para lograr el éxito. Su ejemplo quedará en nuestra memoria.


©Artículo publicado en el Diario El Heraldo (6-08-2013)

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