Valorar el tiempo

El valor del tiempo es algo que sólo se puede aprender con los años y las experiencias vividas, sean éstas buenas o malas. Y me refiero al uso que le damos a nuestro tiempo, cómo decidimos utilizarlo y con quién decimos “gastarlo”. Porque si algo es limitado, incluso para el más rico de los individuos, es el tiempo. 

Todos moriremos algún día y no hay nada que podamos hacer para impedirlo. Y es precisamente esa línea final la que le da sentido a nuestra existencia, la que nos obliga a no desperdiciar nuestros minutos. Steve Jobs comprendía muy bien esto, probablemente porque el cáncer que sufrió tuvo un impacto profundo en él, y por eso afirmó que la muerte era el mejor invento que se ha creado. Según él, permite darle un sentido a todo lo que hacemos.

Pero claro, ese nivel de sensatez con nosotros mismos que nos permite saber a qué y a quién dedicarle nuestro tiempo no es fácil de obtener. Requiere un despojo previo de complejos y una búsqueda real de autenticidad, de vivir por lo que somos y no por lo que otros quieren que seamos. Muchas veces toma años. Es recién ahí cuando aprovechamos cada minuto en lo que nos gusta, en lo que verdaderamente nos llena. Valoramos las reuniones familiares y las risas con buenos amigos y les dedicamos nuestro tiempo sin pensarlo dos veces. Nos dedicamos con pasión a una actividad y la convertimos en un hobby.

El gran reto de una persona está, precisamente, en conjugar lo que le gusta hacer con lo que le toca hacer. Alguien podría considerarse afortunado si logra que sus actividades de subsistencia (lo que sirve para pagar las cuentas) coinciden con lo que le gusta hacer. Significaría que es dueño total de su limitado tiempo.


©Columna de domingo publicada en el Diario El Heraldo (dom 3 de noviembre de 2013)

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