Bonil: caricaturicida ecuatoriano

Exagero un poco, lo reconozco. No creo que lleguen al extremo de poner a Xavier Bonilla “Bonil” tras las rejas por su caricatura. Sin embargo, lo que está sucediendo es increíble. 

Parecería un cuento de Hans Andersen donde lo absurdo es evidente y los pocos cuerdos que denuncian al rey parecen locos.

La diferencia es que, en el Ecuador de hoy, cualquier cosa absurda lanzada al aire tiene eco, aplausos y, lo más curioso, dependencias estatales que gestionan ágilmente situaciones absurdas.

Los niveles de intolerancia han llegado a ser tan altos que hasta la más mínima crítica ya genera suspicacia entre los que gobiernan. No hay cabos sueltos que dejar. Todo tiene que ser contestado y todo crítico tiene que ser denostado. 

Para un gobierno que tiene tanto poder (como ningún otro lo ha tenido en nuestra historia republicana) es verdaderamente sospechoso que un dibujito jocoso de 10cm x 10cm les atemorice tanto. En serio. Uno creería que tanta parafernalia y tanto poder político cobijarían en un manto de seguridad a los poderosos y les haría inmunes a estas tonteritas. A tanto editorial que nadie lee y a graciosas caricaturas que pocos ven. Pero no. Lo de Bonil no les gustó en lo más mínimo.

Se delegó a unos expertos caricaturiólogos el examen de la publicación de Bonilla. El análisis requirió de tres hojas y mezcló hábilmente un análisis técnico y uno jurídico de los trazos de Bonil. El cual, de ahora en adelante y sin duda alguna, será conocido como el primer caricaturicida ecuatoriano. Un interesante título que por suerte no le acarreó una sanción penal específica. 

Imagínense si esto ocurría cuando la Asamblea todavía estructuraba el COIP, ¡agregaban un artículo tipificando el caricaturicidio! ¡Cuántos distraídos estudiantes hubieran seguido los pasos de Bonil por dibujar a sus profesores en clase!

El pormenorizado análisis de la caricatura concluye que lo publicado por Bonil “apoya la agitación social” y que, la frase incluida al pie del dibujo, “provoca incertidumbre y desconfianza en el sistema investigativo y procesal penal.” Los fundamentos de derecho son otro cantar. Encuentran que la caricatura podría vulnerar varios derechos y garantías constitucionales así como normas de la Ley de Comunicación. 

En eso creo que no se equivocaron. Es más, yo hubiera acusado directamente a Bonil de ser un asesino de minas lapiceras. ¡Cuántas minas lapiceras habrá liquidado con tantos dibujos! ¡Asesino! ¿Qué ya nadie se preocupa por los derechos de las minas lapiceras? Indolentes...

© Artículo publicado en el Diario El Heraldo (martes 28 de enero de 2014)
Imagen tomada de: http://i.hoy.ec/wp-content/img/tuiteandoi%2015.jpg

Comentarios

Entradas populares