La revolución jurídica

En una reciente entrevista realizada por “El País”, el expresidente José María Aznar defendió la idea de que las cosas en política tienen que tener continuidad y que no se puede empezar de cero cada cuatro años.

Una conclusión loable, sin duda, que refleja la madurez de uno de los mejores presidentes que ha tenido España. Quien, además, tuvo una gran virtud: cumplió su palabra y dejó el puesto luego de 8 años (cuando bien podía quedarse unos cuantos más).

Sin embargo, ¿es posible continuar las cosas cuando, quien previamente manejó el poder, caldeó el ambiente, no tuvo mesura y no le importaron los acuerdos? Peor aún, ¿cuándo los cambios (al menos en el papel) fueron radicales y, por herméticos candados, hoy son complicados de desmontar? El Ecuador es el vivo ejemplo de esto. Aquí, el gobierno logró “revolucionar” la estructura más compleja de todas (la jurídica) y la llevó al estatismo extremo.

Tuvo el tiempo suficiente para hacerlo y la férrea voluntad de lograrlo. Abrió el partido con una Constitución nueva y desde allí coronó al Estado como eje único de la vida del país. Nunca lo admitió en segundo plano sino que lo repotenció y lo agrandó sin cordura. Esto se ha reflejado en cada ley, reglamento y decreto expedido hasta hoy. Aquí no han habido medias tintas: el Estado ha sido y continúa siendo el quid del proyecto.

¿Qué pasará entonces si en el 2017 hay un cambio de poder? Y me refiero a un verdadero cambio, donde personas que se oponen a un Estado inflado, glotón y entrometido tomen las riendas de lo que quede. ¿Qué decisiones tomarán? Es evidente que la estructura actual tiene que ser repensada, evitando un mero gatopardismo que aparente cambios y lo mantenga todo igual.  Lo ha dicho ya Guillermo Lasso: “hay que desmantelar el andamiaje jurídico que ha construido el Estado Controlador en Ecuador”. Y no es para menos, nuestro país no presenta las condiciones de un proyecto político construido con mesura y acuerdos (reales o impuestos) como la España de 1978. La continuidad es, prácticamente, imposible.


© Artículo publicado en el Diario El Heraldo (martes 29 de abril del 2014)

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