Una presidencia más

Siempre he creído que dos periodos residenciales consecutivos son suficientes para desarrollar un proyecto político y probar su eficacia. Preferiblemente de cuatro años cada uno, bastan para trazar un camino, ejecutarlo y demostrar su valía en las circunstancias propias de cada época. 

Pocos logran hacer mucho en cuatro años —pero los sí los hay. Incluso ha habido presidentes de menos de un año como Clemente Yerovi que, en la medida de lo que pudieron hacer, han dejado el buen sabor del deber cumplido.

Ahora bien, también creo que los individuos tienen el derecho de votar tantas veces quieran por sus políticos predilectos y de reelegirlos cuando puedan y, si estiman que ocho años no son suficientes, incluso elegirlos por más tiempo. Es un derecho esencial del ser humano elegir a otro para que administre la “cosa pública”, le dé un rumbo positivo, solucione problemas y elimine trabas que complican la vida y le impiden emprender y buscar la felicidad individual.

Creo también que las Constituciones se pueden modificar, cambiar y hasta sustituir por otras, pero dentro de sus propias reglas. Es natural, más aún cuando se hacen constituciones reglamentarias, absurdas y cacofónicas que, en vez de cortas pero sustanciales, son largas y confusas. Pierden vigencia rápidamente. Sin embargo, para cambiarlas, hay que ceñirse a sus reglas (eso debería estar claro).

Y, ni en el 2007 estuvo justificado que inicie el proceso de elaboración de la Constitución del 2008 irrespetando la ley y destituyendo al Congreso, ni ahora está justificado cambiarla sin pasar por una consulta popular. La reforma constitucional que pretende implementar la reelección indefinida altera la estructura del Estado y, por ende, no puede pasar sólo por la Asamblea Nacional.

Aquí se tiene que convocar a los ciudadanos para que sean ellos, a través de los mecanismos establecidos en la Constitución, quienes decidan dar la posibilidad a otros ciudadanos de presentarse como candidatos las veces que puedan, incluso reeligiéndose.

©Artículo publicado en el Diario El Heraldo (martes 30 de septiembre del 2014)

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