Inusuales emociones


En estos días una amiga me dijo que por el presidente de los Estados Unidos deberíamos poder votar todos. Que importa demasiado como para que sólo lo elijan los estadounidenses. Y tiene razón. 

Esta elección es crucial no sólo porque elige al hombre más poderoso del mundo, sino también porque su gran cobertura mediática deja aspectos novedosos que analizar. 

El más curioso de todos en lo que va de las primarias republicanas y demócratas es la inusual emoción que levantan Donald Trump y Bernie Sanders entre sus seguidores.

Recapitulemos: las personas ya no van a los mítines políticos.

Dejaron de ir hace varios años. Cada vez son menos los que sacrifican algo de tiempo para ver a un político hablar sobre lo mismo que pueden ver en televisión o en redes sociales. 

Peor aún en lugares donde aparentemente no hay necesidad real de salir protestar o a derrocar gobiernos, como los Estados Unidos. ¿Para qué salir?

Sin embargo, Trump y Sanders llenan estadios y coliseos con miles de seguidores hambrientos de curiosidad y emoción por sus mensajes y personalidades. 

Tienen detrás, además, a legiones de voluntarios que se encargan de expandir su mensaje y captar nuevos adherentes cada día. Son fenómenos. 

No se me ocurre otro ejemplo reciente de esas magnitudes más que el de Barack Obama en el 2008.

Que al final ese entusiasmo se traduzca en una victoria ya lo veremos. 

Trump consolidó su liderato con la victoria de ayer en Carolina del Sur y a Sanders ya lo frenaron ligeramente con la ajustada pérdida en Nevada. Pero lo que sus campañas nos dejan es eso: la capacidad de emocionar. Y de movilizar. 

A diferencia de países donde el voto es obligatorio, en el vecino del norte además hay que pedir que se acudan a depositar el voto.

¿Qué nos emocionará a los ecuatorianos en la elección del 2017? ¿Discursos populistas e irrealizables como los de Trump y Sanders o personalidades excéntricas? ¿O nada?

Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 22 de febrero del 2016)



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