BREXIT: 4 razones para que deje de jorobar y siga con lo suyo (para ecuatorianos)



Hay que usar el mismo eslogan inglés de la Segunda Guerra Mundial para apaciguar la fiebre de histeria que ha desatado la salida del Reino Unido de la Unión Europea: "Keep Calm and Carry On". Lo que en nuestra jerga popular sería un "No jorobe y siga".


En primer lugar, a menos que sea un europeo residiendo o trabajando allí, el Brexit no le afecta en absoluto. Ya sabemos que se ha convertido en un tema que destapa pasiones -como el del niño que se cayó en la jaula del gorila- pero no hay que exagerar: nada sustancial cambiará. 

A usted, amigo ecuatoriano, le seguirán exigiendo visa si quiere viajar o vivir y hasta un examen de tuberculosis (lo que me parece el colmo). Que eso le recuerde, además, agradecer al gobierno de la revolución ciudadana por lograr que en diez años no nos pidan visa para Kazajstán pero todavía sí para medio mundo.

Lo segundo: es normal que un país decida en qué organización quiere estar y en cual no. Ya quisiera yo que el Ecuador se saliera de tanta bobería castrochavista (ALBA, UNASUR, Foro de Sao Paulo, etc.) y se integrara a organizaciones económicas más dinámicas como la Alianza del Pacífico o el TPP (Acuerdo Transpacífico) de la forma que nuestros vecinos colombianos y peruanos sí lo han hecho.

En éste caso el Reino Unido ha decidido dejar la Unión Europea y punto. Me parece que perdió la fe en la UE cuando esta dejó de ser un mero espacio de comercio libre y cooperación pacífica y se convirtió en un Frankenstein burocrático hiperestatista al que le place regular hasta las bananas que se venden en las tiendas de Londres. Que ha habido un voto fuertísimo en contra de la inmigración, también es cierto.

Tercero: al Reino Unido le seguirá yendo muy bien. A la pequeña isla le ha ido muy bien durante casi dos siglos (desde que empezó a poblarse) y dejar la UE no le despeinará mucho. La libra esterlina se recuperará y, además, ¿quién diablos puede creer que un país quiera o pueda aislarse en pleno siglo XXI? ¡Peor uno que dirigió el imperio más grande que ha visto la humanidad!




Cuarto: la democracia es cruda y se gana con la mitad más uno. Tienen razón en quejarse los jóvenes que votaron por quedarse, pero no hay que olvidar que cada voto pesa lo mismo. Da lo mismo si eres un banquero treintañero de La City con tres maestrías o un campesino sesentero que cría ovejas en una campiña de Yorkshire: un voto es un voto. 

Con el problema adicional de que no es obligatorio votar y gana el que moviliza más votantes. En todo caso, pueden ensañarse con David Cameron que, sin tener obligación para convocar al referéndum, lo hizo para salvar presiones internas de su partido y hoy vean en lo que terminó.  

Eso sí, a futuro podrían solucionar ese problema si adoptan el voto obligatorio como en Ecuador que, por experiencia, sabemos que además de permitir un ejercicio apasionado de la democracia es útil para llevar presos a los morosos de las pensiones alimenticias. 

En conclusión: calmaos, amigos. Carry on.

cc) Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 26 de junio del 2016). 

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