Los mártires del Pokemon


Hace días un seudointelectual ecuatoriano calificó al juego Pokemon Go como una nueva creación del capitalismo que busca el embrutecimiento colectivo. 

Lo acusó de promover la caza de esclavos y fugitivos, a modo de los cazarrecompensas que existieron en los Estados Unidos hace casi 200 años. De paso, también reprochó a los jóvenes por llenarse de dulces y de licor en vez de leer y hacer deporte. Finalmente se preguntó si, luego de este juego, todavía existía vida inteligente en nuestro planeta.

Yo no logro entender qué puede tener alguien en la cabeza para escribir semejante paparruchada. 

No logro entender si lo hace con la finalidad de crear polémica y discusión (en cuyo caso reconozco el éxito logrado) o si se trata del último delirio de la izquierda exquisita. Y es que no sólo me imagino a este noble individuo -pulcro heredero de la tradición más montalvina, por cierto- en el papel de árbitro del bien y el mal. 

Me imagino también a Juan Carlos Monedero de Podemos, al propio Michael Moore y a todos esos miembros de la secta del yo-lo-sé. En palabras del gran Antonio Escohotado: "a esa modalidad de cretinos tan avanzada".


Porque donde todos vemos un exitoso juego de celular que ha revolucionado el mundo en pocos días, ellos ven la conspiración más oscura del imperio. 

Porque cuando todos nos divertimos con anécdotas sanas de sus enviciados jugadores, ellos sufren el fin de la civilización y la cultura. Porque todo el éxito a ellos les suena a manipulación. Porque son mártires. Son los mártires encargados de preguntarse si todavía hay vida inteligente luego del Pokemon Go. A su salud bridemos con un ¡Buen vivir!

(*) Sugerencia: abran los links del artículo. 
cc) Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 31 de julio del 2016)


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