El gran conflicto


La guerra en el medio oriente es el conflicto más complejo que enfrentamos estos momentos como sociedad. Es una telaraña donde se conjugan religiones, guerras y ánimos de dominación a cualquier precio. Es un conflicto que además se expande rápidamente y desestabiliza el equilibrio de otras naciones. 

Exporta refugiados incapaces de adaptarse a las sociedades que los acogen y descubre tensiones pasadas que muchas veces se superaron con dolor y esfuerzo. No es una coincidencia que varios países europeos le hayan dicho basta asta a los planes de Merkel de acoger a más y más desplazados.

La situación es insostenible. Por un lado está la pelea por el control del Mediterráneo entre Arabia Saudita e Irán y por otro el más sutil pero igualmente peligroso enfrentamiento entre los Estados Unidos y Rusia. Y en el medio miles de inocentes desesperados y mucho dinero oscuro. 

Hay quienes afirman que incluso ISIS no es más que un producto creado con la finalidad de pescar en el río revuelto que deja la guerra en dicha región y que todo el caos no es espontáneo. La verdad es que hay tantas aristas en éste lío que es imposible entender profundamente lo que está sucediendo. Su solución, por ende, no parece tener humo blanco en un futuro cercano. 

La migración forzosa tampoco es una solución. Es incomprensible pedirle a un desplazado que se comporte en una tierra extraña como lo hace en la propia. No hace poco un grupo de refugiados sirios clamaba por volver desde el Uruguay hacia sus casas. No es fácil y no es óptimo. El camino que queda es devolver en algo la estabilidad a la región, aún a pesar de sus claras diferencias con nuestras democracias occidentales. 

cc) Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 28 de agosto del 2016)

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