¿Y si Lenin queda fuera de segunda vuelta? Plan V


La idea me rondó la cabeza luego de que escuché el discurso de Lenin Moreno en la convención que proclamó su candidatura en el Estadio del Aucas. Imaginaba la consagración de la opción más fuerte de la próxima contienda electoral, pero me sorprendí con lo que ocurrió.

La imagen fue clara: definitivamente Lenin no era Rafael. Y nadie en Alianza PAÍS era Rafael. El carisma apabullante, el discurso preciso y la conexión muy calibrada con las mayorías que encantó a los electores el 2006, el 2009 y el 2013 no estará el 2017. Al menos no en la papeleta. Tal vez sí en la tarima, pero no en la papeleta.
El panorama del 2017 no luce como el de aquellos años y entre Moreno y Correa hay contrastes evidentes.

Allí Lenin demostró, a pesar de la buena imagen que tiene entre los ecuatorianos, que no tiene la articulación y la concordancia de su antecesor. Que mientras el presidente todavía identifica de forma precisa sus fortalezas, su relato y sus enemigos, el otro se pierde en anécdotas, en sinsentidos y alabanzas desmedidas y pegajosas al actual Gobierno que no cuajan en una campaña que girará, indiscutiblemente, alrededor del cambio.
Ya no es sólo el hecho de estar atado a un Gobierno en funciones por más de diez años. Es algo más. Es una imposibilidad electoral de emocionar más allá de su buena imagen. De presentarse como un sucesor del peso de Correa ante el ojo de los votantes.

Esto me hace pensar que tal vez Lenin, en el larguísimo trayecto que todavía falta para que votemos el 2017, pueda caer más allá de lo imaginado y ni siquiera pasar a segunda vuelta. Es una locura, lo sé. Más aún cuando el 30% de voto duro correísta no baja hasta ahora en las encuestas y cuando se sabe que el Gobierno peleará con cancha a su favor, como lo hemos visto estas semanas. Pero la duda me apareció y no se ha disipado.
¿Y si todo se le derrumba en plena campaña? ¿Si al final, las tres candidaturas potentes de la oposición, superan a la oficialista?

Es que no se puede descartar que la pegada fresca de Cynthia Viteri, el trabajo constante y minucioso de Guillermo Lasso, y la novedosa aparición de Paco Moncayo tumben a un candidato todavía apagado que no puede y no podrá despegarse de un discurso cansado y gastado, que hasta ahora no logra emular lo mejor de su antecesor ni encontrarse a sí mismo. Y que tendrá, además, un implacable jefe de campaña con cuestionables resultados luego de la campaña del 2014.

La duda está en mi cabeza. ¿En la de cuántos más también estará?

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