El caudillo gringo


Siempre me parecieron exagerados los que comparaban a Trump con Adolf Hitler. Desde el principio yo lo vi más cercano a un Berlusconi que al tenebroso Fuhrer nazi. Provocador, políticamente incorrecto y con un ojo fino para detectar el sentir popular. Único y auténtico, como don Silvio. Por fin un caudillo latinoamericano para los gringos, decían por ahí.

Con el paso de los días, sin embargo, su carácter rocambolesco se ha conjugado con acciones puntuales que demuestran seriedad y claridad de objetivos. Trump quiere poner a los Estados Unidos a la cabeza de todo. Quiere retomar la iniciativa de la geopolítica mundial y desplazar tanto a los chinos como a los rusos que se han pasado de recreo estos últimos años con el parco de Obama perdido en el Salón Oval.

Es cierto, no ha dejado Twitter ni Facebook en paz y continúa con los mítines masivos que tanto éxito le dieron, pero ha hecho cosas más importantes. Está unificando nuevamente al Partido Republicano y cerrado las heridas tan grandes que abrió. Fue clarísimo frente a la muerte de Fidel Castro, quizás el más contundente y correcto de todos los mandatarios en su condena al tirano cubano. Nada que ver con las fatales palabras del quinceañero y novelero de la política: Justin Trudeau.

Y, lo más significativo, el círculo que lo acompañará en el poder tiene elementos de mucho peso. Al parecer Trump admira aquellos tiempos en los que su país colocaba en el gobierno a verdaderos tiburones. 

Ya tiene varios políticos y empresarios de peso y ha propuesto como Secretario de Defensa a uno de los exgenerales más respetados y temidos de las Fuerzas Armadas norteamericanas: a James "Perro Rabioso" Mattis. Líder en la Guerra del Golfo, en la Afganistán y en la de Irak. Está jugando en serio.

cc) Artículo publicado en el Diario El Heraldo (domingo 4 de diciembre del 2016)

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